Voy a abrir un grupo presencial en Guadalajara. Doce hombres, tres mañanas a la semana, con el gimnasio cerrado nada más para nosotros. Yo doy las sesiones.
Apuntarme a la listaEstoy amarrando los últimos detalles con el gimnasio, así que por ahora nada más estoy juntando la lista de quién quiere que le avise. Cuando abra, los de la lista se enteran primero.
Cuando abra los lugares te aviso. No te tienes que estar fijando en nada.
Únete a mi canal para que te llegue el aviso. Ahí voy subiendo cómo va quedando el lugar y ahí lo voy a anunciar primero. Es nada más para ver: no es grupo, nadie te va a escribir y nadie ve el número de nadie.
Unirme al canal¿Tienes alguna duda? Escríbeme directo por WhatsApp y te contesto yo.
“Don, todo lo que dices tiene sentido. Pero yo llego al gimnasio, me paro enfrente de las pesas, y no sé qué estoy haciendo.”
Y tiene razón.
Yo te puedo escribir el mejor programa del mundo. Pero si nadie te está viendo la técnica, si nadie te dice cuándo subirle al peso y cuándo esperarte, va a pasar una de dos cosas: o te quedas en lo mismo tres meses, o te lesionas en el sexto.
Y hay algo más, que casi nadie dice en voz alta. Lo que de verdad detiene a un hombre de cincuenta y tantos no es el esfuerzo. Es entrar a un gimnasio lleno de muchachos de veinticinco que sí saben qué están haciendo, y sentir que todo el mundo te está viendo aprender algo que se supone que ya deberías saber.
Así que en lugar de pedirte que le eches más ganas, vamos a cerrar el gimnasio.
Cada ejercicio tiene tres versiones. En la evaluación medimos en cuál estás y ahí empiezas. Nadie se queda sentado viendo.
El gimnasio está por Lafayette, entre Chapultepec y Vallarta. Muy cerca del centro, del lado poniente.
Si vives del lado poniente o por el centro, te queda bien. Si vienes de Tlaquepaque, Tonalá o Tlajomulco, piénsalo con el tráfico de las ocho de la mañana, no con la distancia en el mapa. Son tres veces por semana durante doce semanas: si el camino te pesa, lo vas a dejar en la tercera.
Prefiero decírtelo ahorita que descubrirlo tú en la semana cuatro.
Eso no es verse mejor. Es no depender de nadie. Y a nuestra edad eso vale más.
Entreno cinco días a la semana. No porque sea especial ni porque me sobre la disciplina. Entreno porque a los cincuenta y tantos me di cuenta de que si no lo hacía, el que iba a pagar no era yo nada más.
Y no me fue bien a la primera. Ni a la segunda.
Si tú ya lo intentaste antes y no funcionó, no te faltó carácter. Te faltó información que nadie te dio. Casi todo lo que se vende de entrenamiento está diseñado para un cuerpo de veinticinco años, y el tuyo no responde igual. Eso lo vamos a corregir aquí.
Todavía no lo publico, y no es por misterio. Estoy cerrando los últimos detalles con el gimnasio y no quiero decirte un número ni una fecha que después tenga que cambiar.
Prefiero decírtelo tarde y que sea cierto. Los de la lista se enteran primero.
Ese es exactamente el punto de partida que espero. Si ya vinieras entrenando bien, no me necesitas.
Cada ejercicio tiene tres versiones. Antes de empezar medimos en cuál estás y ahí arrancas. No hay una versión para los que sí pueden y otra para los demás: todos hacen el mismo ejercicio, cada quien en su nivel.
Nadie se queda sentado viendo.
Dímelo desde ahorita y quedas en la lista igual.
Antes de que cargues nada vamos a revisar tu presión y cómo te mueves, y en varios casos te voy a pedir una nota de tu médico diciendo qué puedes hacer y qué no. Yo entreno con dos hernias de disco, así que ese paso no me lo salto con nadie.
Si tu médico dice que no, te lo voy a decir de frente y no te voy a vender nada.
Está armado para hombres de cincuenta para arriba. Si andas en los cuarenta y tantos y te late, escríbeme y lo platicamos.
No es una regla de club. Es que el cuerpo a esta edad responde distinto, y todo el programa está construido alrededor de eso.
Este grupo sí. Toda la dinámica está armada alrededor de hombres de cincuenta para arriba: de qué se habla, cómo se habla, y qué le está pasando a este cuerpo a esta edad.
El Protocolo, el programa que tengo en línea, ese lo puede hacer cualquiera.
No. El lugar es de entrenamiento funcional, eso sí, pero lo que hacemos adentro es otra cosa.
Cargas medidas, progresión lenta y ningún ejercicio contra reloj. Aquí nadie compite contra nadie, y una serie se para cuando la técnica se rompe, no cuando suena el cronómetro.
No. Es el mismo sistema, ejecutado en persona.
El Protocolo lo tienes en el teléfono. Aquí lo haces conmigo corrigiéndote la técnica y subiéndote la carga cuando toca, no cuando tú creas que ya.
Sí. Lo diseñé para que funcione en casa o en cualquier gimnasio, sin que yo esté parado a un lado. Y funciona.
Esto es para el hombre que ya sabe que solo no lo va a hacer. Si con el programa te alcanza, quédate ahí y no gastes de más.
Sí. Los primeros tres meses las doy yo, las tres a la semana. No es un entrenador contratado con mi nombre en la puerta.
No. Durante nuestra hora el gimnasio está cerrado y es nuestro. No pagas membresía ni inscripción a nadie más.
Vas a tener una semana de congelamiento por si sale un viaje o te enfermas.
Fuera de eso, la sesión que faltas no se repone. No es castigo: somos doce avanzando juntos y no puedo detener al grupo. Vuelves donde vamos, con tu peso de la última vez.
A nada. Estar en la lista es nada más para que te avise cuando abra, antes que a los demás.
Ahí decides. Y si decides que no, no pasa absolutamente nada.